Historia general del mundo del tiempo del señor rey don Felipe II

Autor: Antonio de Herrera y Tordesillas · Publicación: Madrid, 1601–1612 · Volúmenes: 3 · Región: Europa, Mediterráneo, monarquía hispánica · Licencia: Dominio público

📘 Descripción de la Historia general del mundo del tiempo del señor rey don Felipe II

La Historia general del mundo del tiempo del señor rey don Felipe II es una historia universal del reinado de Felipe II de España, escrita por Antonio de Herrera y Tordesillas en su doble condición de cronista mayor de Castilla y de las Indias. Publicada en Madrid en tres volúmenes entre 1601 y 1612, la obra abarca los grandes procesos políticos, militares y religiosos de la segunda mitad del siglo XVI tal como fueron vividos desde el centro del Imperio español. Es la contrapartida europea de las Décadas: mientras estas narran la expansión española en América, la Historia general del mundo narra los conflictos que definieron la posición de la monarquía hispánica en el escenario europeo y mediterráneo durante el período filipino.

El primer volumen, publicado en 1601, cubre los primeros años del reinado de Felipe II desde su acceso al trono en 1556 hasta aproximadamente 1568, un período marcado por la consolidación del poder real en Castilla, el inicio de la guerra de los Países Bajos y las tensiones con Francia e Inglaterra. El segundo volumen, también de 1601, avanza hasta los grandes episodios de los años setenta y ochenta: la batalla de Lepanto en 1571, la incorporación de Portugal y sus territorios ultramarinos a la corona española en 1580 —la llamada Unión Ibérica— y el fracaso de la Gran Armada contra Inglaterra en 1588, presentado con la prudencia que cabía esperar de un cronista oficial. El tercer volumen, publicado en 1612 ya bajo Felipe III, cierra la narración con los últimos años del reinado y la muerte del rey en 1598.

Herrera organiza la materia con el método cronístico propio de su tiempo: año por año, noticia por noticia, con escasa reflexión analítica pero con una voluntad sistemática de no dejar acontecimiento relevante sin consignar. Este enfoque acumulativo, que puede resultar árido para el lector contemporáneo, es precisamente lo que convierte a la obra en un repertorio documental de gran utilidad: pocas fuentes del período ofrecen un registro tan ordenado y completo de los sucesos de la segunda mitad del siglo XVI desde la óptica de Madrid. El autor maneja fuentes diversas —crónicas extranjeras, despachos diplomáticos, relaciones de embajadores, historias italianas del conflicto flamenco— aunque, como en las Décadas, raramente declara sus procedencias con precisión.

La obra es inseparable de su contexto de producción. Herrera escribía bajo el patrocinio de Felipe III y con la misión implícita de ofrecer una narrativa del reinado anterior que fuera a la vez laudatoria para la dinastía y útil como instrumento de memoria política. El resultado es una historia que tiende a presentar las decisiones de Felipe II como prudentes y necesarias, que suaviza los fracasos —particularmente la Armada Invencible— y que construye una imagen del rey como defensor de la fe católica frente a herejes y turcos. Leída críticamente, esta dimensión propagandística no resta valor al texto, sino que añade una capa de significado: la Historia general del mundo es también un documento sobre cómo la monarquía española quiso ser recordada en los albores del siglo XVII.

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Habiendo el rey don Felipe II sucedido en los reinos y señoríos de su padre el emperador Carlos V, que por voluntad propia y causas que en su lugar se dirán abdicó el gobierno de sus estados en el año de mil quinientos y cincuenta y seis, halló el nuevo rey una monarquía extendida por cuatro partes del mundo, con posesiones en Castilla, Aragón, Nápoles, Sicilia, Milán, los Países Bajos, el Nuevo Mundo y el océano Pacífico, y con obligaciones y enemistades no menos grandes que los territorios que gobernaba. Desde los primeros días de su reinado mostró el rey una inclinación natural al despacho secreto de los negocios, a la lectura de los papeles que sus consejeros le enviaban y a la resolución personal de los asuntos de estado, sin fiarse enteramente de ministro alguno, lo que unos tuvieron por prudencia consumada y otros por tardanza en el gobierno.

En lo que tocaba a la religión, el rey don Felipe profesó siempre la mayor devoción a la Iglesia de Roma y al Concilio de Trento, cuyas resoluciones mandó publicar y guardar en todos sus reinos con más puntualidad que ningún otro príncipe cristiano. Esta firmeza en la fe fue la causa principal de sus guerras en los Países Bajos, donde la herejía calvinista había prendido con gran fuerza entre los naturales de aquellas provincias, y de sus tensiones con la reina Isabel de Inglaterra, que favorecía a los rebeldes flamencos y amparaba en sus puertos a los corsarios que inquietaban el comercio y la navegación de los vasallos del rey.

En el año de mil quinientos y setenta y uno se dio la gran batalla naval de Lepanto, en el golfo de Corinto, entre la armada de la Liga Santa —formada por las galeras de España, Venecia y el papado bajo el mando de don Juan de Austria, hermano natural del rey— y la armada del gran turco Selim II. Fue esta una de las mayores victorias que los príncipes cristianos habían alcanzado contra los infieles en muchos siglos, pues se destruyó o capturó la mayor parte de la flota otomana y se liberaron miles de cautivos cristianos que remaban en las galeras enemigas. El rey recibió la noticia con la quietud y la compostura que eran propias de su natural, y mandó dar gracias a Dios en todas las iglesias de sus reinos.

En cuanto al modo de escribir esta historia, el autor ha procurado seguir en todo la verdad de los hechos, sirviéndose de las relaciones y papeles que han llegado a sus manos, así de ministros y embajadores como de cronistas extranjeros que escribieron sobre los mismos sucesos, cotejando unas y otras para acercarse en lo posible a lo que realmente pasó, sin pasión por ninguna de las partes, aunque reconociendo que el oficio de cronista de Su Majestad obliga a una especial atención al honor y la reputación de la corona.

[Texto representativo de la edición legible, siguiendo el estilo cronístico de Herrera y Tordesillas. La obra completa abarca tres volúmenes publicados entre 1601 y 1612, cubriendo el reinado de Felipe II desde 1556 hasta 1598.]

🏛 Contexto histórico de la Historia general del mundo del tiempo del señor rey don Felipe II

La Historia general del mundo se publicó en el preciso momento en que el reinado de Felipe II era ya historia y su sucesor, Felipe III, necesitaba una narrativa legitimadora de la herencia que había recibido. El encargo implícito era doble: honrar la memoria del padre y presentar la monarquía hispánica como el poder ordenador de Europa y defensor de la fe católica frente a la Reforma protestante y la expansión otomana. Herrera respondió a ese encargo con una obra que selecciona, enfatiza y a veces silencia según conviene a esa imagen.

El período cubierto —aproximadamente 1556 a 1598— fue uno de los más turbulentos de la historia europea. La guerra de los Países Bajos, iniciada en 1568 con el levantamiento de las provincias del norte contra el dominio español, fue el conflicto más largo y costoso del reinado, y Herrera le dedica una atención considerable sin ocultar del todo sus dimensiones catastróficas para las finanzas y el prestigio de la Corona. La batalla de Lepanto (1571) aparece, en cambio, como el episodio glorioso por excelencia, tratado con entusiasmo narrativo poco habitual en el tono generalmente sobrio del cronista. El fracaso de la Gran Armada contra Inglaterra en 1588 recibe, previsiblemente, un tratamiento más contenido: Herrera lo atribuye a las tempestades y a la voluntad de Dios antes que a errores estratégicos o de mando.

La Unión Ibérica de 1580 —la incorporación de Portugal y su Imperio a la corona española bajo Felipe II— es presentada en la obra como un hecho providencial y dinásticamente legítimo, lo que refleja fielmente la posición oficial de la monarquía. En 1612, cuando se publicó el tercer volumen, Portugal llevaba treinta y dos años bajo la corona española y la Unión no se disolvería hasta 1640, de modo que Herrera no podía prever la ruptura que el futuro traería.

Desde el punto de vista de las fuentes, la Historia general del mundo presenta un perfil distinto al de las Décadas. Para la historia americana, Herrera contaba con los archivos del Consejo de Indias; para la historia europea, dependía en mayor medida de crónicas, historias y relaciones producidas fuera de España, en italiano, latín, francés y neerlandés, que circulaban manuscritas o impresas por las redes intelectuales del período. Esta dependencia de fuentes extranjeras hace de la obra un testimonio indirecto pero valioso de cómo la información sobre Europa circulaba y era procesada en el Madrid de Felipe III.

Material complementario

❓ Preguntas frecuentes

¿Este documento es legal para descargar?

Sí. La Historia general del mundo del tiempo del señor rey don Felipe II pertenece al dominio público y se ofrece con fines educativos y culturales.

¿Cuál es la diferencia entre esta obra y las Décadas de Herrera?

Las Décadas tratan exclusivamente la conquista y colonización española de América entre 1492 y 1554. La Historia general del mundo abarca la historia europea y mediterránea del reinado de Felipe II (1556–1598) y apenas toca los asuntos americanos. Ambas obras son complementarias: juntas ofrecen la imagen más completa del Imperio español en su dimensión global según la perspectiva oficial de la Corona a comienzos del siglo XVII.

¿Por qué la obra se publicó bajo Felipe III y no bajo Felipe II?

Herrera y Tordesillas fue nombrado cronista mayor de Castilla en 1596, en los dos últimos años del reinado de Felipe II. La redacción de una obra de este tamaño requería tiempo, acceso a fuentes y recursos de impresión que solo se materializaron bajo el reinado siguiente. Felipe III renovó a Herrera en sus cargos y apoyó la publicación de toda su producción historiográfica, de la que fue el mecenas efectivo.

¿Cómo trata Herrera y Tordesillas el fracaso de la Gran Armada?

Con notable prudencia. Herrera atribuye el fracaso de la flota española contra Inglaterra en 1588 principalmente a las condiciones meteorológicas adversas y a la voluntad divina, minimizando los errores estratégicos y de mando. Esta presentación respondía tanto a las convenciones del género —el cronista oficial no podía criticar abiertamente las decisiones del monarca— como a la necesidad de preservar el honor póstumo de Felipe II en el momento en que se publicaba la obra.

¿En qué formato está disponible la obra?

La obra está disponible en PDF y en versión de texto legible digitalizado.