Crónica del Reino de Chile

Autor: Pedro Mariño de Lobera · Redacción final: Bartolomé de Escobar (S.J.) · Período: Colonial (c. 1590, publicada 1865) · Región: Chile · Licencia: Dominio público

Descripción de la obra Crónica del Reino de Chile

La Crónica del Reino de Chile es uno de los testimonios más directos y detallados sobre la conquista y los primeros decenios del periodo colonial chileno. Su autor principal, Pedro Mariño de Lobera (c. 1528 – c. 1594), natural de Arévalo en Castilla, llegó a Chile hacia 1551 y sirvió como soldado y capitán durante más de cuatro décadas en las campañas de la frontera sur. Esa larga experiencia de combate y vida colonial le dio acceso a eventos, personajes y paisajes que pocas plumas contemporáneas pudieron conocer con igual profundidad.

La obra fue redactada hacia 1590 y entregada al padre jesuita Bartolomé de Escobar, quien la revisó, ordenó y reescribió en su forma literaria definitiva. Esta doble autoría es uno de los rasgos más singulares —y más debatidos— de la crónica: el texto que ha llegado hasta nosotros combina la memoria del soldado con la pluma del clérigo, y determinar la proporción exacta de cada voz es uno de los problemas centrales de su estudio crítico. Permaneció inédita durante casi tres siglos hasta su publicación en 1865 como parte de la Colección de Historiadores de Chile y Documentos Relativos a la Historia Nacional.

La obra abarca la historia del Reino de Chile desde las primeras expediciones de reconocimiento —incluyendo la entrada de Diego de Almagro en 1535–1536— hasta los conflictos militares de la segunda mitad del siglo XVI. Dedica especial atención a la figura de Pedro de Valdivia, primer gobernador de Chile, a quien sigue desde la fundación de Santiago en 1541 hasta su muerte en la batalla de Tucapel en 1553, uno de los reveses más célebres de la Guerra de Arauco. El relato de esa derrota, y de la acción del caudillo mapuche Caupolicán y el guerrero Lautaro, ocupa páginas de gran intensidad narrativa.

Junto a los relatos de campaña, la crónica ofrece descripciones de la geografía del territorio, de las costumbres y la organización del pueblo mapuche, de la vida en las ciudades fundadas por los españoles y de los conflictos de poder entre los propios conquistadores. Este espectro temático amplio la convierte en una fuente de consulta obligada para cualquier investigación sobre el Chile colonial del siglo XVI.

En Archivo Cultural presentamos este texto en edición digital para consulta pública, con el objetivo de facilitar el acceso a una fuente imprescindible de la historia de Chile y promover su lectura crítica.

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CRÓNICA DEL REINO DE CHILE, ESCRITA POR EL CAPITÁN PEDRO MARIÑO DE LOBERA, REDUCIDA A NUEVO MÉTODO Y ESTILO POR EL PADRE BARTOLOMÉ DE ESCOBAR, DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

El reino de Chile está situado en la parte más austral de la América meridional, entre el mar del Sur y la gran cordillera de los Andes, que lo divide y separa de las tierras que llaman del Río de la Plata. Es tierra larga y angosta: corre de norte a sur por más de quinientas leguas, y su anchura en ninguna parte excede de ochenta. El temperamento es muy favorable, los valles fértiles, los ríos abundantes, y la tierra capaz de sustentar mucha gente y de producir todo género de mantenimientos.

Fue el primero que descubrió y vio estas tierras el adelantado don Diego de Almagro, socio y compañero del Marqués don Francisco Pizarro en la conquista del Perú, el cual, en el año de mil y quinientos y treinta y cinco, entró por la cordillera de los Andes con un grueso ejército de españoles e indios, pasando trabajos inmensos por la aspereza y frialdad de aquellas sierras.

El Gobernador Pedro de Valdivia, movido del deseo de servir a Su Majestad y de dilatar los límites de su corona, salió del Perú con reducido número de soldados y, venciendo grandes dificultades, llegó al valle del Mapocho, donde fundó la ciudad de Santiago el año de mil quinientos y cuarenta y uno. Desde allí comenzó la pacificación de la tierra, que nunca fue del todo lograda, porque la nación araucana, señora de las provincias del sur, mostró desde los primeros encuentros una resistencia y un brío que habían de costar a la Corona muchas vidas y muchos años de guerra.

Era la nación araucana de gente robusta, bien dispuesta y de gran ánimo, amiga de la libertad sobre toda otra cosa, y tan diestra en las artes de la guerra que supo aprender de los propios españoles el uso del caballo y de las armas de metal, convirtiéndose con el tiempo en adversario más temible que al principio. Sus capitanes y caudillos, entre los cuales descollaron Colocolo, Caupolicán y el joven Lautaro —que había servido en el propio campo español—, dieron muestras de un valor y un ingenio militar que los cronistas de uno y otro bando hubieron de reconocer.

La muerte del Gobernador Valdivia en la batalla de Tucapel, a fines del año de mil quinientos y cincuenta y tres, fue el golpe más rudo que sufrió la conquista de Chile y el más señalado triunfo de los araucanos en aquella larga contienda. El modo de su muerte, referido de diversas maneras por quienes lo oyeron de los propios indios, quedó en la memoria de todos como símbolo de la tenacidad de aquella guerra y de lo mucho que aún restaba por hacer para someter un reino que, siendo tan rico en esperanzas, tan costoso resultaba en sangre y en hacienda.

Contexto histórico de Crónica del Reino de Chile

La conquista de Chile fue, dentro del proceso de expansión colonial española en América, un caso singular: una empresa prolongada, costosa y nunca definitivamente concluida. A diferencia de las conquistas del México azteca o del Perú inca —relativamente rápidas gracias a la captura de las élites gobernantes—, el sometimiento del territorio al sur del río Biobío se encontró con una resistencia sostenida por parte del pueblo mapuche que se extendería durante más de tres siglos, conformando la llamada Guerra de Arauco, uno de los conflictos militares más largos de la historia colonial americana.

Pedro Mariño de Lobera llegó a Chile en 1551, cuando la colonia era todavía embrionaria y la frontera sur, sumamente inestable. Presenció la muerte de Pedro de Valdivia en la batalla de Tucapel (1553), los alzamientos encabezados por Lautaro y Caupolicán, la destrucción de ciudades fundadas por los españoles y los sucesivos intentos de estabilizar una colonia que parecía resistirse a consolidarse. Esa experiencia acumulada —combate, derrota, reconstrucción, negociación— es el material sobre el que se construye su crónica.

La intervención del padre Bartolomé de Escobar en la redacción final de la obra añade otra dimensión al texto: la perspectiva jesuita, que en el último tercio del siglo XVI estaba consolidando su presencia en Chile y elaborando sus propias estrategias de evangelización y comprensión del mundo mapuche. La Compañía de Jesús era, en ese período, uno de los principales agentes de producción intelectual sobre el territorio americano, y su impronta en la reescritura del manuscrito de Mariño de Lobera no es solo estilística sino también interpretativa.

El texto se inscribe en la tradición de las Crónicas de Indias chilenas, junto a obras como la Historia de Chile de Góngora Marmolejo —que cubre un período similar— y la monumental Historia general del Reyno de Chile de Diego de Rosales, escrita décadas después. Leídas en conjunto, estas crónicas permiten reconstruir con notable detalle la historia política, militar y social del Chile colonial del siglo XVI.

Material complementario

Nota editorial y análisis de Crónica del Reino de Chile

La Crónica del Reino de Chile plantea al lector contemporáneo desafíos que son a la vez textuales, históricos e interpretativos. Es un texto compuesto, reescrito, mediado; y esa condición, lejos de ser un defecto, es parte esencial de su interés.

Un texto de doble autoría: el soldado y el jesuita

El problema central de la crítica textual de esta crónica es su naturaleza colaborativa. Mariño de Lobera aportó la memoria, los datos y la experiencia directa; Escobar aportó la forma, el orden y —casi con seguridad— una capa interpretativa que responde a sus propios marcos intelectuales y religiosos. El texto que leemos es el resultado de esa superposición. Los historiadores han debatido durante décadas si es posible separar ambas voces y, en qué medida, la reescritura de Escobar alteró, suavizó o amplificó los juicios y las informaciones de Mariño de Lobera. La edición crítica del texto exige tener siempre presente esa dualidad.

La Guerra de Arauco como hilo narrativo

La crónica encuentra su unidad temática en el conflicto con el pueblo mapuche. La Guerra de Arauco no es un episodio entre otros, sino la matriz que organiza el relato: la fundación de ciudades, la actuación de los gobernadores, las disputas internas entre conquistadores, todo ello aparece enmarcado por la pregunta de fondo que recorre el texto: ¿cómo es posible que un ejército europeo no logre someter definitivamente a una nación indígena? La crónica no da una respuesta explícita, pero la pregunta está implícita en cada página que relata una nueva derrota, un nuevo alzamiento, una nueva campaña frustrada.

En ese marco, los retratos de los caudillos mapuches —Colocolo, Caupolicán, Lautaro— tienen un peso narrativo notable. Mariño de Lobera, a diferencia de algunos cronistas que simplifican al adversario, describe a estos personajes con atributos que sus propios lectores españoles no podían sino admirar: valentía, inteligencia táctica, capacidad de liderazgo. Esa admiración involuntaria por el enemigo es uno de los aspectos más reveladores del texto.

La figura de Pedro de Valdivia

El gobernador Pedro de Valdivia es el protagonista indiscutido de la primera parte de la crónica. Mariño de Lobera lo retrata como un líder capaz y visionario, aunque no exento de contradicciones. La narración de su muerte en Tucapel —una de las más debatidas de la historiografía chilena, rodeada de versiones divergentes y episodios legendarios— alcanza en el texto una densidad casi épica. El modo en que Mariño de Lobera aborda ese momento revela tanto su admiración por el gobernador como su conciencia de los límites del proyecto conquistador.

Posición en la historiografía colonial chilena

La Crónica del Reino de Chile ocupa un lugar específico dentro del corpus de crónicas coloniales sobre Chile. Es más cercana en tono y perspectiva a la Historia de Chile de Alonso de Góngora Marmolejo —otro soldado cronista— que a la gran síntesis jesuita de Diego de Rosales. Si Rosales escribe desde la distancia reflexiva de medio siglo de experiencia acumulada, Mariño de Lobera escribe desde la inmediatez del combate y la memoria viva. Esa diferencia de posición produce también una diferencia de registro: más crudo, más episódico, más anclado en la experiencia individual.

Conclusión crítica

Leer la Crónica del Reino de Chile hoy es adentrarse en un texto que habla de la violencia y la negociación, de la admiración y el desprecio, de la construcción de una colonia sobre la resistencia de otro pueblo. Su valor no reside solo en los datos que preserva —y son muchos— sino en lo que revela sobre la mentalidad del conquistador que escribe desde adentro de un conflicto que no termina de comprender ni de ganar. Es, en ese sentido, un documento sobre los límites del poder colonial tanto como sobre sus éxitos.

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Preguntas frecuentes

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Sí. Este documento pertenece al dominio público y puede descargarse y consultarse libremente.

¿Quién fue Pedro Mariño de Lobera?

Pedro Mariño de Lobera (c. 1528 – c. 1594) fue un soldado y capitán español natural de Arévalo, Castilla. Llegó a Chile hacia 1551 y participó durante más de cuatro décadas en las campañas militares de la frontera sur, siendo testigo directo de algunos de los episodios más decisivos de la conquista y colonización temprana del Reino de Chile. Hacia el final de su vida redactó la Crónica del Reino de Chile, que fue entregada al padre jesuita Bartolomé de Escobar para su revisión y redacción definitiva.

¿Por qué el padre Bartolomé de Escobar aparece asociado a esta obra?

Mariño de Lobera entregó su manuscrito al jesuita Bartolomé de Escobar, quien lo revisó, reordenó y reescribió en su forma literaria definitiva. La intervención de Escobar fue lo suficientemente sustantiva como para que la edición de 1865 lo mencione en la portada como responsable de haber reducido la crónica a "nuevo método y estilo". Determinar con exactitud el grado de su intervención es uno de los problemas textuales más discutidos por los historiadores de la literatura colonial chilena.

¿Cuándo fue publicada por primera vez?

La crónica permaneció inédita durante casi tres siglos. Fue publicada por primera vez en 1865 en Santiago de Chile, como parte del volumen VI de la Colección de Historiadores de Chile y Documentos Relativos a la Historia Nacional, la iniciativa editorial más importante del siglo XIX chileno para la recuperación y difusión de fuentes históricas coloniales.

¿Qué diferencia a esta crónica de la Historia general del Reyno de Chile de Diego de Rosales?

Ambas son fuentes fundamentales sobre el Chile colonial, pero difieren en alcance, perspectiva y registro. La obra de Rosales, escrita varias décadas después por un jesuita con medio siglo de experiencia en Chile, es más extensa, más sistemática y abarca un período más amplio. La de Mariño de Lobera es más episódica y directa, con el tono inconfundible del soldado que narra lo que vivió. Las dos obras se complementan y conviene leerlas en paralelo para tener una imagen más completa del siglo XVI chileno.

¿Qué otras crónicas coloniales sobre Chile complementan esta obra?

Las fuentes más próximas son la Historia de Chile de Alonso de Góngora Marmolejo, escrita también por un soldado que participó en la conquista y que cubre un período similar; la Historia general del Reyno de Chile de Diego de Rosales, la crónica colonial más extensa sobre el territorio; y la Araucana de Alonso de Ercilla, el poema épico que inmortalizó la resistencia mapuche y que, aunque obra literaria, constituye también una fuente histórica de primera magnitud.

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