PRÓLOGO DEL AUTOR
El médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causa procede la enfermedad; de manera que el buen médico conviene sea docto en el conocimiento de las medicinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medicina contraria; y porque los predicadores y confesores médicos son de las almas, para curar las enfermedades espirituales, conviene tengan experiencia de las medicinas y de las enfermedades espirituales.
El predicador, de los vicios de la religión que tienen, para enderezar contra ellos su doctrina; y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dijeren tocante a su oficio. Los pecados de la idolatría y ritos idolátricos y supersticiones idolátricas y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aún perdidos del todo. Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos.
LIBRO PRIMERO - De los dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la Nueva España
Capítulo I: Del principal dios llamado Huitzilopochtli
El primero y más honrado y venerado de todos los dioses era Huitzilopochtli. Por otro nombre se llamaba Ilhuícatl xoxouhqui, que quiere decir "el cielo azul turquesa", y por otro nombre se llamaba Xiuhpilli, que quiere decir "el señor del año". La causa por qué este dios era tan estimado y venerado entre estos naturales era porque se tenía por muy belicoso y victorioso, y como los mexicanos eran muy belicosos y vencedores, teníanle por su dios propio, y así en todos los pueblos que sujetaban le edificaban templos suntuosos.
Capítulo III: Del dios llamado Tláloc
Este dios llamado Tláloc Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que se regasen las tierras, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas, y mantenimientos. También tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y rayos, y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar.
En llamarse Tláloc Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida corporal. Los servicios que le hacían están en el segundo libro, entre las fiestas de los dioses.
LIBRO SEGUNDO - Del calendario, fiestas y ceremonias, sacrificios y solemnidades
Capítulo I: De las fiestas y sacrificios que se hacían en el primer mes que se llamaba Atlcahualo
Al primer mes llamaban Atlcahualo. En este mes mataban muchos niños; sacrificábanlos en muchos lugares, en las cumbres de los montes, sacándoles los corazones a honra de los dioses del agua, para que les diesen agua o lluvia. A los lugares adonde llevaban los niños a matar llámanles en su lengua cuacualli. Llevaban los niños que habían de matar metidos en unas literas que iban aderezadas con plumajes y con flores. Íbanlos tañendo y cantando delante de ellos.
LIBRO OCTAVO - De los reyes y señores y de la manera que tenían en sus elecciones y en el gobierno de sus reinos
Capítulo I: Del señor o rey que se llama en su lengua tlahtoani
El señor o rey tenía estas propiedades: Era ejemplo y dechado a toda la gente en su persona y en su vida, que todo cuanto hacía y cuanto decía miraban todos a ello, para tomarlo por ejemplo. Era piadoso, misericordioso y compasivo. Era humilde y abajado. Era blando, no era soberbio. Era mesurado en el hablar, reposado en las palabras, ni hablaba apresuradamente, ni fuera de razón.
LIBRO DÉCIMO - De los vicios y virtudes de esta gente indiana, y de los miembros de todo el cuerpo, interiores y exteriores
Capítulo I: De las virtudes morales
El hombre perfecto, virtuoso: corazón firme como piedra, corazón recio como palo, cara sabia, dueño de un rostro, dueño de un corazón, hábil y entendido. El hombre maduro: corazón firme, recio como árbol, cara sabia, dueño de un rostro, dueño de un corazón, no puede ser vencido.
LIBRO DUODÉCIMO - De la conquista de México
Capítulo I: De las señales y pronósticos que aparecieron antes que los españoles viniesen a esta tierra
Diez años antes que viniesen españoles a esta tierra apareció una cosa maravillosa, un prodigio del cielo. Una como espiga de fuego, una como llama de fuego, una como aurora: se mostraba como si estuviese goteando, como si estuviese punzando en el cielo. Ancha de asiento, angosta de vértice. Bien al medio del cielo, bien al fondo llegaba, hasta allá se veía.
Y de esta manera se veía: allá en el oriente se mostraba: de esta manera llegaba a la medianoche. Se manifestaba: estaba aún saliendo el sol, hasta entonces se desvanecía. Y esto sucedió por un año entero: comenzó en el año 12-Casa.